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Comprar como terapia vs. Comprar por impulso

Cuando decimos que vamos al centro comercial para una pequeña “terapia de compras”, la mayoría de nosotros estamos siendo jocosos. Pero ¿comprar cosas nuevas realmente nos ayuda a sentirnos mejor? ¿O es sólo una excusa para gastar dinero? Una investigación sugiere que realmente hay un poco de valor terapéutico en ver las vidrieras o visitar su tienda favorita por unas horas – levanta el estado de ánimo y le da un empujón a su espíritu.

Restaurando del control

Tomar decisiones de compra puede ayudar a restaurar un sentido de control personal sobre el entorno, y por lo tanto puede ayudar a aliviar los sentimientos de tristeza. Según estudios, las compras pueden ser hasta 40 veces más efectivas para dar a las personas un sentido de control, ayudando así a mitigar la tristeza. Cuando alguien se siente como si las cosas no marchan bien, caminar por una tienda y encontrar exactamente lo que quiere, puede sentirse como un logro.

Distraernos de nosotros mismos

Las compras también estimula los sentidos. Las luces brillantes y las exhibiciones coloridas de las tiendas y el olor a palomitas de maíz y pretzels de la “feria de comida” se combinan en una experiencia entretenida que puede distraernos de nuestros pensamientos y preocupaciones cotidianas. Si podemos alejarnos de pensar en nosotros mismos, a veces podemos sentirnos mejor.

Ya sea que busques algo específico o simplemente navegues por ahí, las compras de vidrieras también pueden afectar tu estado de ánimo. Simplemente pensar en el futuro, y el disfrute o la diversión, puede impulsar el estado de ánimo. Comprar produce una clase de química del cerebro deliciosa, con bajo riesgo.

Recompénsate

Si disfruta de la terapia de venta al por menor, trate de usarla para recompensarte por un nuevo comportamiento positivo, como hacer ejercicio o comer sano. Es mejor aún si ahorra para la recompensa, en lugar de pagarla con tarjeta de crédito. Acumular fondos, hacerle seguimiento y pensar qué puede comprar con eso, trae pensamientos felices, que pueden ser tan placenteros como la compra en sí.

Cuando ir de compras es un problema

Para algunas personas, ir de compras es un problema. Alrededor del 7 por ciento de los consumidores estadounidenses – cerca de 20 millones de personas – son compradores compulsivos. Los compradores compulsivos tienen una preocupación con la compra, marcada por episodios de compra frecuentes o impulsos abrumadores para comprar artículos. Su comportamiento está vinculado al sentimientos de inutilidad y falta de poder. La condición tiene mucho en común con los trastornos alimenticios, la adicción al sexo, y la adicción al juego. Una persona se convierte en compulsiva cuando la compra se vuelve una forma de lidiar con el estrés o la pérdida, y puede llegar a ser muy difícil de controlar.

Una investigación de la Universidad de Indiana estableció una correlación directa entre estos impulsos y los de drogadictos o alcohólicos. Al igual que estos últimos, el comprador compulsivo experimentan episodios de “apagón”, los que el comprador no recuerda haber comprado.

Signos de un shopaholic

Los signos de una compulsión de compras incluyen:

  • Ir de compras es la única manera de sentirse mejor
  • Comprar se convierte en “tener que”, en lugar “queree”
  • Compra cosas de las que se arrepienten al día siguiente y tiene que devolverlas
  • ene cuentas de tarjeta de crédito que no puede pagar

Los grupos de terapia y apoyo pueden ayudar al comprador compulsivo y educar a los miembros de la familia sobre el tema.

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